Carta anónima “ME CASO”

Hola Ana quiero que escribas mi testimonio de forma anónima.

Soy madre, esposa y una ama de casa cómo cualquier otra y mi vida es mi casa y trabajo.

Aunque tengo una talla casi 60, nunca me he preocupado por la forma de vestir, ni me he maquillado jamás. Siempre me he conformado con ropa comprada en algun mercadillo y poco más, pero bueno ésta no es la historia.

Lo que quiero contarte es que hace aproximadamente un año, en una comida familiar, mi hija nos suelta un”me caso”.

Estas dos palabras durante todo un año se conviertieron en la mayor ilusión como madre, pero la peor pesadilla como mujer.¿que me iba a poner?, ¿donde me compraría la ropa?, ¿encontraría algo a la altura de la boda de mí hija?.

Tengo que admitir Ana, que no me hacía ninguna gracia que se casara, todos sabemos lo que son las bodas, todos sabemos que una boda es algo bonito, pero que la gente complica innecesariamente y yo veía feliz a los dos tal cual estaban.

Pero bueno ya habían tomado esa decisión y había que aceptarlo.

Intenté convencer a mi hija de ir en traje de pantalón y chaqueta, ya que era una solución mucho más práctica tenía un traje en mí armario y que para un día yo daba por hecho me quedaba bien.

Un año de martirio

Mi hija dijo que no, que por primera vez en la vida quería verme arreglada y guapa.

Menudo martirio ir de tiendas, en todas me enseñaban cosas preciosas pero o no había mi talla, o me intentaban embutir dentro diciéndome que me estaba bien.

En algunas tiendas fueron bastante desagradables

Tuve que soportar muchas miradas juzgando mi cuerpo, escuchar como me decían que era imposible vestirme, que hiciera dieta y así entraría en alguna cosa.

Durante un año sentí tanto rechazo, tantas ganas de llorar…

Casi todos los fines de semana salíamos mis hijas y yo a buscar que ponernos el día la boda, como somos todas talla grande, veníamos con las manos vacías y lo peor ver la cara de mi hija cuando entrábamos a tiendas de novia y le decían que para ella no hacían vestidos de novia…

Mi hija no quería que pareciera una abuela, quería verme joven y guapa, se negaba totalmente a que me vistieran de forma diferente a mí edad.

El primer sí, la primera esperanza

Un día entramos en una tienda de barrio de las de toda la vida, donde mi hija mayor encontró en toda la ciudad alguien que al menos le dió la opción de probarse algún vestido, se veía muy guapa con ellos y al final eligió uno.

La mujer que la vistió nos enseñó ropa a todas, fue muy amable y aunque vistió a la novia, mi otra hija y yo no compramos nuestros vestidos porque no nos convencía ninguno; pero si no encontrábamos nada siempre podíamos volver, sabíamos que allí sí querían y podían vestirnos.

A dos meses de la boda no habíamos aún encontrado que ponernos, fuimos a un almacén, que tenía millones de vestidos talla grande (o eso nos dijo el hombre del mercadillo).

Mi otra hija encontró su vestido después de más de cuatro horas probándose ropa.

Yo estuve esas mismas horas pero me fui de vacío, solo me ponían ropa de mujer mayor y que para nada me favorecían. He de decir Ana que soy joven tengo cincuenta y pocos años.

Mi hija no quería que pareciera una abuela, quería verme joven y guapa, se negaba totalmente a que me vistieran de forma diferente a mí edad.

Y por fin a un mes de la boda…

Cuando ya me había dado por vencida y pensaba ir a la tienda donde mi hija compró su vestido de novia, a ella se le ocurre llevarme a otra tienda que ve por internet.

Llegué bastante reticente, ya que ponía tallas solo hasta la 54.

Me miraron y me dijeron: ¡Solo tengo cuatro o cinco modelos de vestido que te pueden valer!.

Por suerte todos me los podía probar, uno a uno fue pasando por mi cuerpo, sin más…

Hasta que dos me sentaban bien, me veía en el espejo y no lo podía creer, me hacían un cuerpo bonito, incluso podría decir que estilizado.

Mi hija desde el momento uno sabía cuál era su favorito y me dijo ambos te sientan bien uno es corto el otro largo, escoge el que tú creas es más cómodo para tí.

Me volví a probar ambos vestidos, ella observó y muy contenta me dijo el largo de corte imperio te hace preciosa, estás justo como me gustaría verte ese día.

Yo me miraba en el espejo no lo podía creer, era un estilo que jamás hubiera pensado que me sentaría tan bien, definitivamente mi hija tenía razón ese era mi vestido.

Final feliz.

Después de casi un año, al fin terminaba el martirio de buscar mi vestido, todos estábamos muy contentos porque por primera vez habíamos conseguido encontrar algo acordé a nuestra edad y talla.

Tengo que decirte Ana que me sentí la madre más feliz, pero como mujer me sentía espectacular, guapa, viva incluso podría decirte que me veía sexy.

Por último quiero animar a todas las mujeres que tienen talla grande a salir y a exigir ropa acorde a su edad y talla.

Todos hombres y mujeres deberíamos poder sentir que somos preciosos todos los días y no solo un día de nuestra vida.

Me despido de vosotros y deseo que mi testimonio os sirva para luchar por el acceso a una talla digna.

Después de casi un año, al fin terminaba el martirio de buscar mi vestido, todos estábamos muy contentos porque por primera vez habíamos conseguido encontrar algo acorde a nuestra edad y talla.

 

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